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CANNABIS MEDICINAL


cuando el dispensario ya no cuadra


Si tú usas cannabis medicinal, seguro has notado algo raro. En tu dispensario de siempre ya no hay la misma fila, el corillo de pacientes se ve más pequeño y el ambiente se siente tenso. No es tu imaginación. Los números aprietan y el tema toca directo tu medicina y tu bolsillo.

Para agosto de 2025 habían 310 dispensarios licenciados en la isla y unos 117,910 pacientes activos. En 2022 habían más pacientes, casi 119,700 y menos dispensarios, 277. El resultado fue que el promedio de pacientes por dispensario se desplomó, de 980 a 432 en 2022. Hoy, con más dispensarios y menos pacientes, el pastel se divide todavía más.


Antes se veía entre 80 y 120 pacientes al día. Hoy, en un día bueno, atienden 30 a 40 según dueños de dispensarios independientes. Con esa caída, pagar renta, nómina, luz, licencia, seguridad y productos se convierte en la pelea diaria. Muchos negocios solo logran "break even", sacan lo mismo que invierten, o se van en pérdida. Mientras tanto, Salud sigue dando licencias. En agosto habían 464 establecimientos licenciados y 41 más en precualificación. El gobierno empuja la puerta, pero no mira si adentro ya no cabe más nadie.


Aquí entra la parte que más te toca como paciente que aprecia la cultura y el trato humano. En la isla se calcula que solo quedan cerca de 60 dispensarios independientes.

El resto pertenece a grupos grandes que controlan cultivo, manufactura y venta en un mismo negocio. Esos grupos sacan la flor de sus propias fincas, la procesan y la venden en sus puntos de venta. Tienen más volumen, negocian mejor, absorben pérdidas por más tiempo.

El dispensario independiente compra al por mayor, paga más caro, no puede bajar tanto los precios y compite con cadenas que a veces le abren justo al lado o terminan comprándolo completo.


Cuando esa consolidación se come al pequeño, tú también pierdes. Pierdes el budtender que sabe tu dosis de memoria, pierdes el menú curado para tu condición, pierdes un espacio donde te sientes cómodo hablando de tu salud sin prisa. Te quedas con una experiencia más genérica, donde la presión por vender rápido le gana a la conversación honesta.

Un punto que casi nadie discute en los medios, pero que escuchas cada vez que te sientas en la sala de espera, son las personas mayores. Muchos pacientes de 60, 70 años encontraron alivio real con el cannabis medicinal. Menos dolor, más sueño, menos efectos fuertes que con ciertas pastillas.


El problema es que la mayoría de los planes médicos no cubren el cannabis. Cuando la pensión no da y los precios suben, ese paciente mira la receta y toma decisiones duras. O paga la flor, el aceite o el comestible, o paga luz, compra comida o se queda con las pastillas viejas que ya no le funcionaban tan bien.


Varios dueños cuentan la misma historia. Pacientes mayores que dejaron de ir con la frecuencia de antes. Otros que piden la dosis mínima posible o bajan de productos de mejor calidad a lo más barato del menú. No es que ya no crean en el cannabis. Es que los chavos no dan.


La agencia que regula la industria tiene más poder del que parece en esta crisis. Otorga licencias, establece reglas y maneja procesos clave como la certificación de pacientes. Dueños y pacientes se quejan de procesos que podrian tomar una hora y terminan tardando semanas o meses.


Cuando el sistema se tarda en aprobar una certificación, tú te quedas esperando un plástico para poder comprar tu medicina sin miedo. Mientras tanto, el dispensario ve menos tráfico, menos ventas y más presión. El gobierno habla de salud pública, pero la práctica diaria se siente como un laberinto burocrático.


Falta un estudio serio de mercado. Cuántos pacientes puede sostener la isla, cuántos dispensarios hacen sentido, qué zonas necesitan más acceso y dónde ya hay saturación. Sin esos datos, la política pública se parece más a ensayo y error, y el error lo pagan los negocios pequeños y tú como paciente.


Lo que pasa aquí no está aislado. En Estados Unidos, la industria reporta casi mil licencias menos y cerca del 72.7% de los operadores dice que no tiene ganancias. Eso te da una pista. El modelo basado solo en abrir más puntos de venta y tirar productos al mercado ya no aguanta por si solo.


La diferencia es que en la isla el mercado es más pequeño y el golpe se siente más rápido. Cuando un dispensario cierra en un pueblo de montaña no solo se pierde un negocio. Se afecta un grupo de pacientes que ahora tiene que bajar más lejos para comprar, gastar más gasolina o simplemente dejar su tratamiento.


Tú no controlas las licencias ni las ventas globales, pero no estás de adorno en esta historia. Te dejo varias cosas concretas que puedes hacer como parte de la cultura del cannabis medicinal:

Pregunta quiénes son los dueños. Si es local y el trato te hace sentir visto, dale prioridad cuando puedas. Comprar un octavo ahí en vez de en la cadena no te cambia el mes, pero para ellos puede ser la diferencia entre cuadrar la semana o no.

No tengas miedo de decir cuánto puedes pagar. Muchos dispensarios crean descuentos para pacientes mayores, veteranos o personas con condiciones crónicas porque escuchan estas historias todos los dias.

Cuando tú hablas, ellos ajustan su menú.

Llama, escribe, usa las redes, participa en vistas públicas cuando las anuncian. Pide que las certificaciones tarden lo que tiene sentido, de 30 minutos a una hora, no meses. Menos trabas para ti significan más pacientes entrando por la puerta y menos cierres.

Si conoces pacientes que solo miran el precio por gramo, explicale que el servicio, la educación y la estabilidad del negocio también cuentan.

Un dispensario que conoce tu historial reduce errores de dosis, evita compras innecesarias y cuida mejor tu salud.


En Sens Culture vemos el cannabis medicinal como parte de un estilo de vida concreto: salud, comunidad y respeto. Cuando los números ahogan a los dispensarios independientes, esa cultura se debilita. Menos espacios de confianza, menos variedad real, menos voces locales dentro de la conversación.


Tú, como paciente o aliado, no eres un espectador. Eres parte del ecosistema. Tus compras, tus quejas, tus historias y tu presencia en el dispensario mandan un mensaje claro sobre qué modelo quieres que sobreviva.


Si queremos que el cannabis medicinal siga siendo herramienta de bienestar y no solo otro producto de cadena, toca mirar más allá del descuento del dia y apoyar a quienes cargan la industria desde el mostrador de tu pueblo.





Mr. Sens

EDITOR IN CHIEF


 
 
 

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