Cuando la marihuana llega a la tercera edad
- sensculture

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Durante décadas, la imagen cultural del consumidor de cannabis estuvo asociada principalmente con generaciones jóvenes.
Pero esa imagen está quedando atrás.
El cannabis está entrando en otra etapa de su historia: la de los adultos mayores.
Un nuevo dato de Gallup coloca el consumo de marihuana en Estados Unidos en un máximo histórico: 17% de los adultos dice fumarla, cifra que duplica ampliamente el 7% registrado cuando Gallup comenzó a medir este comportamiento en 2013. Sin embargo, el dato cambia considerablemente cuando miramos a los mayores de 65 años: 5% reporta fumar marihuana.
Ese 5% puede parecer pequeño, pero la tendencia es lo verdaderamente relevante.
Un análisis publicado en JAMA Internal Medicine encontró que el porcentaje de adultos de 65 años o más que reportó consumo de cannabis durante el último mes aumentó de 4.8% en 2021 a 7.0% en 2023.
Es decir, mientras el cannabis se normaliza socialmente, también está cambiando quién lo consume.
Y las razones tampoco son necesariamente las que tradicionalmente asociamos con la marihuana.
Una encuesta nacional de University of Michigan entre adultos de 50 años o más encontró que quienes consumieron cannabis durante el último año lo hicieron principalmente para relajarse, dormir, disfrutar de sus efectos y aliviar dolor. También aparecen motivos relacionados con el estado de ánimo y la socialización.
En otras palabras, para una parte de esta población el cannabis ya no representa simplemente una experiencia recreativa.

Puede representar una herramienta de bienestar, una alternativa percibida para manejar determinados síntomas o, sencillamente, otra forma de entretenimiento.
Pero esta normalización trae preguntas que van mucho más allá del consumidor.
¿Qué ocurre cuando el consumo es legal, pero sus efectos llegan hasta la casa de otra persona?
La pregunta dejó de ser hipotética en Washington D.C.
Una disputa entre vecinos terminó en los tribunales después de que una mujer denunciara que el humo de cannabis de su vecino se filtraba a su vivienda. El hombre utilizaba cannabis medicinal y argumentaba que lo ayudaba con el dolor y a dormir.
En 2023, un juez determinó que el consumo constituía una molestia privada y ordenó que dejara de fumar. En 2025, la Corte de Apelaciones de D.C. confirmó la decisión.
El caso plantea una distinción importante:
Que una actividad sea legal no significa que pueda realizarse sin límites cuando afecta a terceros.
Y esa discusión probablemente se vuelva más frecuente a medida que aumente el número de adultos mayores consumidores y más personas vivan en condominios, apartamentos y comunidades residenciales compartidas.
También existe otra conversación que no podemos ignorar: la salud.
El aumento del consumo no significa automáticamente que el cannabis sea perjudicial para todos los adultos mayores, ni tampoco que sus posibles beneficios estén científicamente establecidos para todas las condiciones.
La evidencia sigue siendo mixta y depende de factores como la edad, la dosis, la vía de administración, las condiciones médicas y otros medicamentos que pueda estar tomando una persona.
Un estudio publicado en JAMA Network Open encontró que, entre 4,503 veteranos de 65 a 84 años, 10% reportó consumo de cannabis durante los últimos 30 días; entre quienes lo utilizaron, 36% cumplía criterios de trastorno por consumo de cannabis.
Otro estudio encontró que, después de la legalización de los comestibles en Ontario, las visitas a emergencias por intoxicación con cannabis entre adultos mayores aumentaron significativamente.
Esto no convierte al cannabis en un enemigo ni en una solución.
Lo que demuestra es que una población que antes estaba prácticamente ausente de la conversación ahora necesita información específica sobre cómo consumir, qué riesgos existen y cómo interactúa el cannabis con el proceso de envejecimiento.
Y la industria ya está prestando atención.
Mientras los adultos mayores comienzan a formar parte de un mercado de cannabis más amplio, aparecen productos, campañas y eventos dirigidos específicamente a este grupo.
La normalización, entonces, está ocurriendo en dos niveles.

Por un lado, una generación que creció viendo el cannabis como algo marginal está envejeciendo y llevándolo consigo a una nueva etapa de vida.
Por otro, una industria que durante años habló principalmente a consumidores jóvenes está descubriendo que el futuro del cannabis también puede tener canas.
Pero quizás la pregunta más interesante no sea quién está consumiendo.
Es cómo vamos a convivir con ese consumo.
Porque la legalización resolvió una parte del problema: estableció dónde y bajo qué condiciones determinadas personas pueden consumir.
Todavía queda otra conversación:
¿Cómo protegemos el derecho de quien consume sin convertirlo en una obligación para quien no quiere consumir?
El cannabis está entrando en la tercera edad.
Ahora la sociedad tiene que aprender a envejecer con él.





























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