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Puerto Rico ante una nueva era del cannabis: el rol imprescindible del cannabis coaching

hace 10 minutos
5 min de lectura

Puerto Rico vive un momento histórico para el cannabis medicinal. A nivel federal, el proceso de reclasificación de la planta comenzó con la orden ejecutiva del presidente Trump en diciembre de 2025 y se formalizó en abril de 2026, cuando el Departamento de Justicia trasladó el cannabis medicinal regulado por licencias estatales a la Categoría III de la Ley de Sustancias Controladas. Ese proceso todavía no termina: a mediados de agosto de 2026, la vista administrativa ante la DEA para una reclasificación más amplia sigue en su etapa de escritos posteriores a la vista, sin fecha definitiva para una decisión final. En resumen: el cambio es real, pero incompleto. El cannabis medicinal bajo licencia estatal ya salió de la Categoría I federal; la planta en su totalidad, todavía no.


En Puerto Rico, curiosamente, ya llevamos varios años adelantados en ese sentido. Desde que se aprobó la Ley 42-2017 (“Ley MEDICINAL”), el cannabis medicinal quedó clasificado localmente en la Clasificación II de la Ley de Sustancias Controladas de Puerto Rico (Ley Núm. 4 de 1971) es decir, una sustancia con uso médico reconocido pero sujeta a restricciones severas, muy distinto a la Clasificación I bajo la cual todavía opera el cannabis a nivel federal en la mayoría de sus usos. Esa reclasificación local es, precisamente, lo que le permite a miles de pacientes registrados acceder a sus dispensarios sin exponerse a sanciones penales bajo la ley estatal. El programa de cannabis medicinal regulado bajo esa misma Ley 42-2017 y el Reglamento 9038 atraviesa ahora su propia transición.


Según datos presentados este año ante la Comisión de Salud del Senado, el registro de pacientes activos se ha estabilizado alrededor de 110,000, después de bajar desde el máximo histórico de más de 124,000 pacientes en 2022. La Oficina de Cannabis Medicinal anunció que está revisando el Reglamento 9038 con el propósito de modernizar el marco regulatorio y poner el bienestar del paciente en el centro.



Es una ventana de oportunidad real. Pero una ventana de oportunidad no es lo mismo que un cambio logrado, y ahí es donde el cannabis coaching tiene algo que aportar.

Entre el cambio y la duda: el estado actual del programa la estabilización en la matrícula de pacientes no es solo un dato administrativo. Detrás de esa cifra hay miles de personas, la mayoría con condiciones degenerativas, debilitantes y/o incapacitantes, muchas

siendo de edad avanzada, que se registraron en algún momento y no continuaron, o que nunca consideraron el cannabis medicinal como opción. Puerto Rico enfrenta una crisis de salud social sostenida: acceso limitado a especialistas, tiempos de espera prolongados, un sistema bajo presión constante. A nivel mundial, el cannabis medicinal ha probado ser una herramienta terapéutica real para el dolor crónico, el insomnio y la ansiedad, entre otras condiciones comunes en el programa. Aun así, la desconfianza persiste: la educación que reciben pacientes y profesionales de la industria no ha avanzado al mismo ritmo que la ciencia, la regulación ni las necesidades reales de quienes buscan alivio.


Ahí entra la figura del cannabis coach: un profesional dedicado a acompañar al paciente y con frecuencia a su cuidador, desde que considera el cannabis medicinal como opción hasta construir un régimen de consumo consciente e informado. No sustituye al médico ni al dispensario; ocupa el espacio vacío entre la recomendación médica y la experiencia diaria del paciente: cómo elegir la forma de consumo, entender proporciones de THC y CBD, manejar efectos secundarios, y adaptar el tratamiento con el tiempo.


Programas dedicados específicamente a veteranos y adultos mayores. Sin embargo, no todos los cannabis coaches trabajan dentro de una red o plataforma grande. Muchos ejercen de forma independiente, guiando a sus pacientes uno a uno con la misma cercanía y rigor, solo que a menor escala. Ambos caminos, el institucional y el independiente, apuntan a lo mismo: un acompañamiento profesional que, cuando se reconoce y se apoya, mejora la adherencia al tratamiento y la confianza del paciente. Justo lo que Puerto Rico necesita en este momento de transición.

La urgencia de reformar la educación básica

Uno de los problemas más apremiantes del programa, y quizás el menos discutido públicamente, es el estado de la educación cannábica obligatoria para quienes laboran en la industria. Los cursos de certificación que se ofrecen hoy no han recibido actualizaciones significativas en años, mientras que el conocimiento sobre el cannabis medicinal, sus formulaciones, sus interacciones y su regulación ha avanzado considerablemente en ese mismo periodo. Un empleado certificado bajo un currículo desactualizado no está en posición de orientar bien a un paciente escéptico o a un cuidador con preguntas legítimas sobre seguridad y eficacia. Esa brecha educativa es, directamente, una barrera para la confianza pública en el programa.


Reformar esa educación básica debe ser una prioridad inmediata. Pero no basta con actualizar el contenido mínimo requerido para obtener una licencia. Hace falta además una segunda capa de educación más avanzada y completa, dirigida a quienes ya trabajan en la industria y quieren profundizar su conocimiento, así como a pacientes y cuidadores que buscan información más allá de lo básico. Esa educación avanzada tiene que ser accesible en costo, en formato y en lenguaje, para que llegue de verdad a quienes la necesitan y no se quede limitada a quienes ya cuentan con los recursos o las conexiones para acceder a ella.

El cannabis coaching como aliado institucional, no como competencia


Para que el cannabis coaching alcance su potencial de transformar la experiencia del paciente puertorriqueño, necesita el respaldo institucional de la Oficina de Cannabis Medicinal y del Departamento de Salud. Esto no representa una carga regulatoria adicional. Al contrario: es una alianza que reconoce al cannabis coach como parte de la infraestructura de apoyo al paciente, capaz de aliviar presión sobre un sistema de salud ya sobrecargado, mejorar la retención de pacientes en el programa y, sobre todo, mejorar los resultados de calidad de vida que el programa fue diseñado para proveer desde su origen.

La revisión en curso del Reglamento 9038 es el momento idóneo para formalizar ese reconocimiento. Incorporar el cannabis coaching a las conversaciones sobre modernización regulatoria, junto con la reforma curricular de los cursos de certificación, enviaría un mensaje claro: Puerto Rico no solo busca cumplir con el mínimo regulatorio, sino posicionarse como un modelo de programa medicinal centrado genuinamente en el paciente, dentro y fuera de la isla.

Hacia un futuro que ya empezamos a construir

El contexto actual ofrece una oportunidad poco común: un programa en revisión, un marco federal en movimiento, y una población de pacientes que se estabiliza pero que todavía no alcanza su máximo potencial. El cannabis coaching, respaldado por educación actualizada y accesible, y reconocido institucionalmente como parte del ecosistema de cuidado del paciente, puede ser precisamente la pieza que convierta esta transición regulatoria en una mejora real en la calidad de vida de miles de puertorriqueños. Ese es el futuro que, como paciente, educadora y coach, aspiro a seguir construyendo junto a esta comunidad.






Verónica Pérez Reyes

Consultora, Educadora y Coach de pacientes de Cannabis Medicinal

 
 
 

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