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Schedule III abre la puerta federal, pero la DEA decide quién puede cruzarla

hace 4 horas
4 min de lectura

Durante años, una de las grandes preguntas alrededor del cannabis en Estados Unidos fue cuándo cambiaría su clasificación bajo la ley federal.


Ahora, para el cannabis medicinal sujeto a licencias estatales, esa pregunta ya tiene una respuesta.


En abril de 2026, el Departamento de Justicia colocó en Schedule III tanto los productos de cannabis aprobados por la FDA como el cannabis sujeto a determinadas licencias estatales de uso médico. La medida no convirtió al cannabis en una sustancia legal sin restricciones a nivel federal. Todo lo contrario: abrió la puerta a un nuevo marco de supervisión federal.


Y el 5 de octubre llegó uno de los pasos más concretos de ese nuevo escenario.


La División de Control de Desvío de la DEA abrió el proceso de registro mediante DEA Form 225 para empresas de cannabis medicinal que fabrican, procesan, cultivan, distribuyen o realizan análisis de laboratorio.


La diferencia puede parecer burocrática.


No lo es.


De la reclasificación al cumplimiento


Schedule III no representa simplemente una etiqueta diferente.


Para una industria que durante décadas ha operado en una zona de tensión entre leyes estatales y prohibición federal, la nueva clasificación comienza a crear una estructura en la que el gobierno federal reconoce determinadas actividades relacionadas con el cannabis medicinal, pero exige que quienes las realizan entren también en su sistema de control.


Ese es el verdadero significado del Form 225.


El registro solicita información personal y empresarial, la actividad que realizará la compañía, las licencias estatales que posee, antecedentes y posibles acciones regulatorias, además del pago correspondiente.


En otras palabras: la licencia estatal continúa siendo fundamental, pero ya no cuenta toda la historia.


La regla federal establece un mecanismo de registro para entidades con licencias estatales de cannabis medicinal y contempla que la licencia estatal sirva como evidencia de autorización bajo la ley estatal. Al mismo tiempo, la DEA conserva criterios de interés público y cumplimiento federal que deben ser considerados.


Es una especie de puente.


Pero el puente tiene peaje y controles.



El incentivo que puede cambiar la ecuación


Uno de los mayores atractivos de Schedule III está fuera de la planta y dentro de los libros de contabilidad.


La Sección 280E del Código de Rentas Internas limita las deducciones ordinarias de negocios que trafican con sustancias de Schedule I o II. Al pasar el cannabis medicinal cubierto por la nueva regla a Schedule III, desaparece ese obstáculo específico asociado a 280E para esas actividades.


Para una industria que ha tenido que operar durante años con una estructura tributaria particularmente pesada, el cambio puede tener consecuencias importantes sobre rentabilidad, flujo de efectivo e inversión.


Pero aquí es donde conviene bajar el volumen de la celebración.


Schedule III no significa legalización federal total del cannabis.


El propio gobierno federal mantiene controles sobre estas sustancias y continúa un proceso separado para determinar si la marihuana en términos más amplios debe ser trasladada a Schedule III.


La distinción importa.


Mucho.



La DEA también quiere saber quién está detrás del negocio


El nuevo proceso deja otra señal clara: la siguiente etapa del cannabis medicinal será también una etapa de mayor escrutinio corporativo.


El formulario pregunta por condenas relacionadas con sustancias controladas, registros federales revocados o suspendidos, licencias profesionales estatales y otras acciones regulatorias.


Si una respuesta es afirmativa, el solicitante debe proporcionar información adicional sobre lo ocurrido.


Esto cambia la conversación.


La industria ya no solamente tiene que demostrar que tiene una licencia para operar. En el nuevo contexto federal tendrá que demostrar que puede integrarse a un sistema diseñado alrededor del control, la trazabilidad y la prevención del desvío de sustancias.


Y eso tiene sentido dentro de la lógica utilizada por el gobierno.


La orden de abril explicó que incorporar los sistemas estatales de licenciamiento al marco federal era, según la determinación del Departamento de Justicia, una manera de cumplir con las obligaciones estadounidenses bajo la Convención Única de Naciones Unidas sobre Estupefacientes, mientras se mantiene el acceso médico y se reduce la disrupción a los sistemas estatales existentes.


La industria, por tanto, está entrando a una relación diferente con Washington.


No necesariamente más sencilla.


Pero sí más definida.



El costo de entrar también cuenta


El registro tampoco es gratuito.


Según la información publicada para el Form 225, las tarifas anuales no reembolsables son de $3,699 para manufacturers, $1,850 para distributors y $296 para analytical labs.


Para una empresa establecida, puede ser un costo operativo más.


Para una compañía pequeña, puede representar otra barrera.


Y existe una ironía difícil de ignorar.


El nuevo proceso permite pagar electrónicamente mediante tarjetas como Visa, Mastercard, American Express o Discover, mientras que las propias redes de tarjetas han mantenido restricciones relacionadas con transacciones de cannabis.


Es una contradicción que resume buena parte de la historia de esta industria:


la regulación puede cambiar más rápido que la infraestructura financiera que la rodea.



La nueva pregunta


Durante mucho tiempo, la industria preguntó:


¿Cuándo va a cambiar el estatus federal del cannabis medicinal?


Ahora la pregunta es diferente:


¿Qué significa realmente operar dentro de ese nuevo estatus?


Schedule III puede abrir oportunidades económicas, reducir una carga fiscal histórica y reconocer federalmente el uso médico de determinados productos y programas estatales.


Pero también trae consigo registros, tarifas, antecedentes, controles, obligaciones y una relación mucho más directa con la DEA.


La puerta federal se abrió.


Ahora comienza la parte más complicada:


aprender a operar al otro lado de ella.


Y quizás esa sea la verdadera historia de Schedule III.


No el final de la regulación del cannabis.


El comienzo de una nueva etapa de cumplimiento.



Nota editorial importante


Para evitar una confusión muy común, esta pieza debe dejar claro que el cambio actual corresponde al cannabis medicinal cubierto por la orden federal, no a una legalización federal general del cannabis adulto. El proceso más amplio de rescheduling de marijuana continúa por una vía administrativa separada.

 
 
 

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